martes, 23 de marzo de 2010

¿EN QUÉ CULTURA DOCENTE NOS HEMOS SOCIALIZADO?

El proceso de socialización en el grupo ha estado marcado por múltiples experiencias, ya que las tres trabajamos en la educación no formal, ámbito que nos ha propiciado una riqueza en cuanto a las relaciones sociales entre personas tanto destinatarios como profesionales, además de tener como finalidad el trabajo en red con diferentes entidades que conforman el tejido asociativo de nuestro entorno. Tenemos igualmente un compromiso como educadoras con los fines de la asociación desde el punto de vista individual, como un compromiso social como colectivo y como equipo de trabajo.

Matizando algunas opiniones como:

“Entiendo que como educadora mi objetivo es traspasar las barreras del control, entendiendo que existen más de una solución para los problemas; es necesario ir más allá de la reproducción de todos los patrones sociales que tenemos asumidos y establecidos como únicos y que nos alienan ante determinadas situaciones.

“Mis pautas culturales de enseñanza han estado por tanto marcadas por la interacción, ya que al haber tenido muchas y distintas experiencias en la práctica educativa, todas me han aportados, y de todos he podido reflexionar e ir concibiendo la enseñanza de una forma interactiva y cambiante”.

“Centrándome en mis practicas, podría sintetizar diciendo que más que período de socialización, fue más bien un período de “des-socialización” o casi aislamiento. Esto fue así debido a:
• La propia actividad realizada en las prácticas, donde era una mera espectadora de lo que ocurría en los centros donde las realicé. Estas prácticas no reflejaban a mi parecer, lo que supone la realidad en la cotidianeidad de un centro educativo, ya que se limitaban al contexto aula, sin conocer ningún momento de relación interprofesional fuera del aula (sala de profesores, reuniones, tutorías…). Igualmente, nunca conocí el trabajo, en lo que a burocracia se refiere, que debe desempeñar el/la docente.
• El papel de l@s tutores de prácticas o más bien l@s correctores del prácticum, mer@s evaluadores en base a un trabajo escrito presentado. No hubieron ocasiones de reflexión, debates con compañer@s, intercambio de experiencias…fue un proceso individualista totalmente, en el que cada un@ se ocupaba de cumplir con sus días de prácticas y realizar su prácticum.
• La escasa formación con la que se llega al primer período de prácticas.
• La función de la Universidad en el período de prácticas, con una total despreocupación en todo el proceso.


Consideramos que el aislamiento y la desmotivación del profesorado comienzan cuando aún no se ejerce, con experiencias como las vividas en los periodos de prácticas.
El aislamiento profesional conlleva al individualismo, y el hecho de mantenerte inmerso en el trabajo en tu clase, en tus alumnos, te permite aislarte de la desconfianza de l@s compañer@s de trabajo, te permite avanzar más rápido pero evitan que enriquezcas tus argumentos. Un espacio físico cerrado, como puede ser un despacho, un aula,… permite el aislamiento y evita la sensación de sentirse observado por otros, visto desde un punto de vista negativo, sin embargo, a veces esta soledad permite la reflexión entendida como un proceso innovador y creativo. Como reflejo de prácticas que conllevan al aislamiento, la no vinculación al centro, al equipo de profesores, el no sentimiento de comunidad, de responsabilidad compartida, estudios universitarios pobres, descoordinados, sin vinculación con la escuela y sin priorizar el trabajo comunitario, inmadurez personal….
Para combatir la intensificación, es necesario ser conscientes de que el mundo está cambiando y que se necesitan nuevos cauces de participación y de entender la educación. Para ello, necesitamos que el profesorado se convierta en un grupo profesional organizado y cohesionado que abogue por un cambio en el sentir y el hacer es necesario la recualificación global de la clase docente. Estaría bien por un lado el operativizar el papeleo como parte del proceso de enseñanza evaluación y no como algo externo y así por tanto cobraría sentido y por otra en el caso aunque aun así, suponga un extra no compatible con el día a día, la incorporación de más profesionales, en los que hubiera un trabajo compartido, tanto de burocracia, como de enseñanza aprendizaje, aunque lo ideal sería una poco de cada.
Merece la pena ser docente, es un privilegio educar a niñ@ y formar parte de su crecimiento personal y social. Es necesario favorecer el desarrollo global de cada individuo, desde el punto de vista físico, psíquico y global partiendo de sus potencialidades y no desde sus discapacidades. Trabajar desde el sentir, con una metodología que emane de la libertad y de la creatividad del educador. Es necesario conocer a cada niñ@ y a su entorno para que así pueda aprender contando con su propia experiencia. Se trata por tanto de un gran reto, que debe de ir de la mano de un cambio en como concebimos la escuela, a entenderla como una comunidad, con un curriculum flexible y adaptado a cada realidad educativa, reflexionado y consensuado por toda la comunidad educativa, profesorado, alumnado, familia, personal de servicios y entidades del barrio, una escuela diferente para unos tiempo diferentes. Para ello es necesario fortalecer la formación que recibe el profesorado y eliminar los resquicios de la vieja escuela que aún hoy nos sigue pesando.
Nuestro compromiso como educadores es acompañar en la educación de ciudadanos, favoreciendo su capacitación, para afrontar los nuevos retos que impliquen valores cívicos, amor y respeto a la diferencia. Es imprescindible transmitir el deseo por conocer, como dice Arturo Graf “Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumnado un deseo grande de aprender”.

“Otra educación y otra escuela es posible, construyámosla”

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